No renuncie a sus sueños… no ahora…

Jamás nadie imaginará la alegría que sintió cuando vio sus primeros libros en la estantería de un almacén cercano. Era noviembre de 1982 y la ciudad lucía llena de alegría, a las puertas de la navidad. Leyó el título una y otra vez para comprobar que no se trataba de un sueño y que aquella era la novela que le había tomado muchos meses escribir. “La casa de los espíritus”, rectificó una y otra y otra vez. Luego, su nombre, en un costado de la carátula, con letras azules: Isabel Allende. “Lo logré” musitó con una enorme sonrisa.

Aquél sería el primero de una serie de textos que gozan de gran acogida entre el pueblo latinoamericano.  Un esfuerzo plasmado en hojas que un día fueron blancas pero de pronto, bajo el imperio de las frases, vieron florecer  historias arrancadas de las entrañas mismas del país de la imaginación.

El triunfo de la autora chilena es el fruto de la perseverancia. De intentarlo muchos veces. De no permitir que la venciera el desánimo.

“Si  me fijara en las cosas buenas que dice la gente de mi, y las creyera todas, viviría con los humos en la cabeza. Si por el contrario prestara oído a todas las cosas malas que dicen de mi, y las creyera, viviría deprimida. Tenemos que seguir nuestro camino. Lo que digan, bueno o malo, no debe ni puede gobernarnos, a menos que se lo permitamos” suele repetir a los periodistas cuando le preguntan respecto a qué opina de los comentarios de los críticos literarios.

 

Adelante, siempre adelante…

Isabel Allende se sobrepuso a las dificultades. Desestimó las voces contrarias cuando tenía el anhelo de publicar su primera novela. Muchos le dijeron que no valía la pena intentarlo. Pero ella no renunció a sus sueños. Siguió adelante. Perseveró.

Quizá está a punto de dar al traste con sus proyectos. Considera que no tiene sentido seguir adelante. Está cansado. ¡No es hora de renunciar!¡No ahora!. Pídale fuerzas a Dios. El puede ayudarle. Está en su Palabra cuando dice: Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”(Isaías 40:30, 31).

Quien no se fija una meta, pasará sin pena ni gloria por el sendero de la vida. No logrará su realización personal. Y mucho más, aquellos que –habiendo tenido un sueño por el cual luchar—vuelven atrás. Si requiere fuerzas para seguir adelante, pídaselas hoy a Dios. El se las dará…

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