La Vida… Maestra Ejemplar

 José María Leiva Leiva

Comentaba en un artículo precedente haber visto estos días cualquier cantidad de entrevistas, y leído muchísimos escritos e incluso poemas referidos, a la pandemia que nos abate y a una serie de mensajes positivos, que según estos autores habremos de aprender y practicar para cuando salgamos de este interminable túnel que pareciera no conocer la luz. Por ejemplo, Jorge Lozano h. (conferencista internacional mexicano, especializado en relaciones humanas y calidad de vida), en su video sobre esta pandemia, titulado “Aquí vamos otra vez”, señala que “La vida es tan buena maestra que si no aprendes la lección te obliga a repetirla”.

“Y si hay que empezar de cero -dice-, por algún lado empezamos. A reconstruir la sociedad, a reconstruir la economía, a reconstruir la medicina y a reconstruir la vida. A cuidar los mares y los cielos, y recordar los días en los que nos prohibieron verlos. A enseñarles humildad a nuestros hijos, para que puedan enseñársela a nuestros nietos. A disfrutar cada minuto porque se pasa demasiado rápido. Muy pronto todo esto pasará y muchas cosas volverán a empezar. Y estaremos en el marco de la puerta, más fuertes, más unidos, con una sonrisa en la boca y una inquietud en los pies, diciendo aquí vamos otra vez”.

Asimismo, llegó a nuestros correos y teléfonos móviles un poema que se hizo viral, bajo la firma de K. O’Meara, escrito supuestamente en el año 1800 cuando se declaró en Cádiz un brote de fiebre amarilla, lo que le agregó un plus de emotividad, por las coincidencias que caracterizan lo que hoy estamos viviendo. Del poema destacamos: “Y la gente se quedó en casa… Y aprendió nuevas formas de ser. Y escuchó más profundamente. La gente empezó a pensar de forma diferente. Y la gente se curó. Y cuando el peligro terminó… la gente se encontró de nuevo. Lloraron por los muertos. Y tomaron nuevas decisiones. Y soñaron nuevas visiones. Y crearon nuevas formas de vida. Y sanaron la tierra completamente. Tal y como ellos fueron curados”.

En relación al tiempo real y la autoría del poema, hoy sabemos por distintas fuentes (léanse para el caso, los escritos de Christian Vázquez en https://www.sopitas.com/, Lara Gómez Ruiz en https://www.lavanguardia.com/ o bien, el sitio https://tucuentofavorito.com/), que fue escrito recientemente, y no mediando las dos centurias en que al inicio se dio a conocer para el impacto y la sorpresa de todos. Poema que lleva por título “In Time Of The Pandemic”), y la firma de Catherine Mary O’Meara, mejor conocida como Kitty O´Meara (maestra y asistente espiritual en hospitales y hospicios de Estados Unidos), quien lo escribió el pasado viernes 13 de marzo en Facebook y posteriormente lo publicó en su blog: The Daily Round. En cualquier caso, las palabras de O’Meara han inspirado a muchos en estos tiempos de confinamiento, como una reflexión profunda sobre aquello que nos une en la distancia. Ahora bien, vuelvo y pregunto, ¿acaso toda la humanidad entenderá así el mensaje?

¿Saldremos de esta pesadilla, mejores personas, solidarias, humildes, menos egoístas, menos codiciosas y menos envidiosas, respetuosas con la madre naturaleza? Yo quisiera creer que sí, pero…conociendo el comportamiento del ser humano a lo largo de la historia… quién sabe. Justo viene a mi memoria un poema alusivo a esta lastimera duda, titulado “Impía humanidad”, escrito por la poetisa hondureña Hogla Carcache, a quien tuve el gusto de conocer en la Sociedad Literaria de Honduras (SOLIHO).

Dice así: “¡Cómo me apenan tus hambres, tus yerros y tus miserias! ¡Cómo me duele tu risa, que no es más que mascarada! ¡Cómo me duele saberte tan sola y tan miserable de rodillas ante el oro, como un Goliat ante el pobre! En este gran continente, en este mundo de ciegos, en este ambiente tan chico donde te arrastras temblando tras dogmas convencionales. ¡Ah humanidad, cuánto siento tus avaricias, tus celos, tu servilismo, que a veces es tan penoso que el cielo se esconde tras una nube para no verte humillada!”.

“Hay hermanos de mi sangre, es necesario que llegue, la hora de redención, que traiga hasta el corazón la belleza de la aurora, como la risa de un niño, como el canto de la alondra, como el murmullo del río, como el saltar de la fuente. Que tatúe en nuestras frentes las palabras bienhechoras: “Hermanos, todos hermanos bajo los ojos de Dios”. Es necesario que llegue el cese de los dolores, que se ahuyenten nuestras penas, que acaben los sinsabores. Que si tendemos la mano en señal de una amistad, no sea señal mentida, sino que de la hermandad. Que se termine lo Judas, que se levante el servil, que ya no ande de rodillas cual miserable reptil”.

“Que se yergan nuestras frentes, que digamos la verdad, que se aparte de las almas esta terrible suciedad. Que el cielo nos vea alegres, poderosos cual Sansón, que aunque pobres, pues no importan las pobrezas, si en las almas hay piedad, amor, bondad. Pues sin amor es bien cierto, es pobre la humanidad. ¡Ah humanidad cuánto siento tus yerros, tus odios y tus simplezas que hasta se calla el jilguero y las estrellas se esconden al mirar tanta maldad! Que hasta creo que en el cielo, allá en la inmensidad, el Dios bueno y cariñoso se arrepiente a no dudar, de haber hecho con sus manos esta impía humanidad”. Desde luego, verdad no le falta dilecta y cara amiga.

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