Calvino y la pandemia

Por Cesar Carhuachín

El presente artículo refiere a cómo Juan Calvino, el reformador de la Iglesia en Ginebra, trató con la pandemia en esa ciudad en los años 1542-1545.

Recordemos que la peste negra que azotó a Europa en el siglo XIV fue provocada por pulgas de ratas que por los barcos llegaban a Europa de Asia y picaban a los humanos transmitiendo la bacteria (Yersenia pestis). Varios factores contribuyeron a su propagación por más de 200 años: a) la falta de limpieza dentro y fuera de las casas; b) la condición hospitalaria; y, c) la situación pre-científica de la medicina. En 1542 la peste golpeó a Ginebra, a donde Calvino había llegado para liderar el Reforma de la iglesia. Ante la peste Calvino compartió las siguientes enseñanzas:

Primero, ante la peste que azotaba a muchas casas en Ginebra (y también en Lausana), Juan Calvino y Peter Blanchett se ofrecieron al Concilio de la ciudad para atender pastoralmente a los contagiados que estaban en el hospital para las plagas. Eso nos muestra el compromiso de Calvino con su llamamiento pastoral, que a pesar de saber que podía contagiarse con la peste, él decidió ponerse al servicio de la ciudad para servir a los enfermos. Finalmente, el Concilio decidió que Blanchett atendiera a los enfermos y que Calvino continuara con sus tareas eclesiásticas.

Segundo, sabiendo Calvino que Blanchett podía contagiarse e incluso morir, él dijo que si algo así ocurriese él serviría a los enfermos en el hospital. Él dijo que “nosotros somos deudores unos de otros”. Además, si uno está en el ministerio, él dice que “no hay pretexto que no sirva, para no atender a las responsabilidades de nuestro deber”. Es decir, para Calvino ni la infección, ni el temor a la enfermedad deben ser pretextos para no cumplir con los deber pastoral. Hoy en día, tenemos que revisar esta acción pastoral de Calvino, porque ante el Covid-19, debemos evitar el contacto con las personas y más aún con las contagiadas. Lo que ocurre es que, con la buena intención de atender a los demás, podemos multiplicar el número de contagiados. En ese tiempo, no se sabía cuáles eran las causas de la enfermedad ni cómo específicamente se contagiaba. Hoy en día sí tenemos las condiciones y los médicos adecuados para tratar estos males.

Tercero, Calvino expresó su gran tristeza por la muerte de varios líderes de la Reforma en la Confederación suiza por causa de la peste. Uno de ellos fue Leo Juda, que era uno de los pastores de Zurich, murió el 19 de junio de 1542, a Grynée y Capito también. Conmovido también por la continua fiebre de su pequeña hija y por los efectos desastrosos de la peste en un enfermo, que Calvino recomendó a Michael Varod para que sea aceptado en el hospital de plagas. Esto nos muestra que la peste afecta a todos sin distinción, a gente buena y a gente mala, a siervos de Dios y a todos. Por eso, hay que cuidarse, no ser temerarios ni tentar a Dios.

Cuarto, Calvino al igual que los teólogos de ese tiempo, pensaba que la plaga es un azote de Dios, por lo cual nosotros tenemos que examinarnos y arrepentirnos de nuestros pecados. Es decir, la corrupción, la idolatría y las supersticiones provocan la ira de Dios. Debemos más bien volvernos a Dios y recibir su santa Palabra. La explicación medieval de Calvino sobre la peste, hoy en día ha sido superada. No decimos que las enfermedades son producto del pecado, sino de la realidad del mundo en el que vivimos. Dios es bueno y su voluntad bondadosa para el mundo y sus habitantes es la vida, la salud y el bienestar social.

Quinto, Calvino menciona que hay que estar vigilantes con aquellas personas que son irresponsables, que no tienen reparo en contagiar a los demás; y más aún, con aquellas personas que conspiran contra la salud pública esparciendo la peste, pensando que así la enfermedad saldría de ellos. Así como algunos especulaban con la desesperación de la gente por la peste, vendiendo polvos mágicos, brebajes, etc., hoy debemos estar vigilantes con aquellos que venden “soluciones mágicas” o “soluciones milagrosas” para el Covid-19. Dios da sabiduría a la ciencia. Nuestra tarea es cuidarnos del contagio, cuidar de no contagiar a los demás (usar tapabocas y mantener la distancia social), orar por los médicos, enfermeras/os que están atendiendo a los enfermos/as y para que guíe a los científicos para encontrar la vacuna contra el Covid-19.

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