¡Cuidado… arenas movedizas!

Caramba qué cosas tiene la vida, o mejor dicho los seres humanos. Por ejemplo, ¿quiere usted saber cómo hacer enemigos en forma gratuita? Por increíble que parezca, en muchos casos, no es necesario que usted tenga que agredir o hablar mal de alguien. Nooo, a veces tan solo basta que sea usted “inteligente, feliz, honesto, elegante, sincero, alegre. Ayude a quien lo necesita. Ame al prójimo. Prospere. Tenga fe. Intente ser diferente”, y ya me contará… la envidia les corroe. Son una manga de infelices fracasados que no pueden ver ojos bonitos en cara ajena. Pero sabe qué… siga usted adelante. ¡Vale madre!

No importa un carajo lo que la gente piense de usted, sonría siempre y siga su camino. Total, a quien actúa con maldad, odio y resentimiento hay que desearle suerte, tarde o temprano -cuando se los lleve la chingada-, la necesitará. Ya lo dijo más de alguien: “De las personas falsas y jodidas yo solo quiero una cosa: distancia”. Son personas tóxicas como esos virus que nos acechan con alta peligrosidad: “¡Aléjate pues!”. Exactamente de la misma manera que conviene “alejarse de la gente que un día te trata como si te quisiera, y al otro te trata como si no te conociera”.

Desde luego, “no es la vida la que separa a la gente, es la maldad, la hipocresía, la traición, el egoísmo y la falta de respeto”. Por eso, “cuidado en quién confías, la confianza puede ser muy cara si se invierte en la persona equivocada”. Incluso, es un acto de masoquismo permitir que la misma soledad -si estuviera presente-, nos haga regresar con personas equivocadas. Ya lo dice un viejo y reiterado dicho: “Es mejor estar solo que mal acompañado”.

Mucho peor si estos individuos son rencos de la cabeza, entonces debes tener presente pensamientos como el del maestro del psicoanálisis, Sigmund Freud cuando advierte que “antes de diagnosticarnos con depresión o baja autoestima, debemos asegurarnos de no estar rodeado de idiotas”. Como tampoco tiene desperdicio el proverbio judío que aconseja “No acercarnos a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado”. Otro pensamiento recomendaría “no inflarnos con un cargo, un apellido, una cuenta de banco, pues vivimos en un mundo lleno de alfileres”.

Igual leemos en El Principito: “Veo humanos, pero no veo humanidad”. Hechos fantasmagóricos como los de pretender hablar de corrupción pero no de sus abominables perpetradores. Al final resultará que no es ninguna exageración la metáfora que confiesa “cuanto más conozco a la gente, más entiendo por qué Noé, solo permitió animales en el arca”. Y es que parece mentira, pero “Exigir es fácil. Señalar es fácil. Juzgar es fácil. Condenar es fácil. Quejarse es fácil”, -que es lo que acostumbramos a hacer casi siempre los humanos-, pero dar el ejemplo… léase el mejor ejemplo, ese que guía e inspira, eso sí parece una tarea imposible, o cuando menos resulta más difícil.

En palabras de Heráclito, “Hay que mostrar mayor rapidez en calmar un resentimiento que en apagar un incendio, porque las consecuencias del primero son infinitamente más peligrosas que los resultados del último; el incendio finaliza abrasando algunas casas a lo más, mientras que el resentimiento puede causar guerras crueles, con la ruina y destrucción total de los pueblos”. Acaso por ello se complemente que “cuando dejamos de creer en la fuerza del lenguaje, empezamos a creer en el lenguaje de la fuerza”.

Sumemos a ello, lo que siempre se ha dicho en sentido práctico y altamente positivo acerca del valor que puede alcanzar el gesto del silencio y la sonrisa, que se antojan como dos armas poderosas, pues mientras “la sonrisa resuelve problemas, el silencio los evita”. En esa misma línea de pensamiento, “el acto que cometes en un momento de furia, será imposible corregir después. No uses malas palabras cuando estés de mal humor. Porque vas a tener muchas oportunidades de cambiar tu mal humor, pero nunca vas a tener una oportunidad de reemplazar las palabras que dijiste”.

“Debes entrenar tu mente para ser más fuerte que tus emociones, o de lo contrario te perderás todo el tiempo”.

Igualmente, “No es necesario decir todo lo que se piensa, pero lo que sí es necesario, es pensar todo lo que se dice”. Nunca está demás, pero “cuando te encuentres entre mucha gente, vigila tus palabras; cuando estés solo, vigila tu mente”. Considera que “una mala actitud es como una llanta baja. No puedes ir a ningún lado hasta que la cambies”. Y que “si una disputa va para largo, significa que ambos contendientes están equivocados”.

¿Y con la gratitud cómo estamos? Les doy tres pistas. Para Lao Tsé, el agradecimiento “es la memoria del corazón”. (2) “Entre más agradecido seas, más cosas que agradecer te llegarán”. Y (3) “Cuando al malagradecido se le olvida quien lo ayudó, la miseria le refresca la memoria”. Cuatro observaciones finales. (1) Sobre la sinceridad: “Los aeropuertos ven más besos sinceros que las bodas. Y los muros de los hospitales, han escuchado más oraciones reales que las iglesias”. (2) Sobre el amor: “Si tienes capacidad de amar, ámate a ti mismo primero”. Charles Bukowski. (3) Sobre las oportunidades: “Son como los amaneceres: si los esperas demasiado, los pierdes”. Y (4) Disculpa… “Siempre sé tú mismo, pero si eres medio pendejo mejor sé otro”.

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