Dios y la Pandemia

Hemos hecho varias reflexiones sobre la pandemia, pero hemos compartido nuestra interpretación sobre la relación entre Dios y la pandemia. Este artículo va en esa dirección.

Primero, Dios no envía ni genera las pandemias, sino que las pandemias son resultado de los cambios producidos en la naturaleza, en los habitas y en el medio ambiente, como resultado de la acción humana. En el pasado, donde se ubican los tiempos bíblicos estuvo muy arraigada la idea de que Dios enviaba las plagas para castigar a ciertos pueblos por sus pecados. Sin embargo, no todos pensaban así. Cuando a Jesús le preguntaron por cuáles pecados un hombre estaba ciego, Jesús dijo que, por ninguno (Jn 9,1-3), dando a entender que no hay deducir que las enfermedades son consecuencias o castigos por los pecados. Las pandemias no son castigos de Dios, sino más bien resultados de la acción humana en la naturaleza, en el medio ambiente.
Segundo, las pandemias, a pesar que son negativas, son también una doble oportunidad. Por un lado, es una oportunidad afirmar y nuestra fe en Dios como Proveedor, Sanador y Protector, manteniéndonos confiados y con esperanza en que Dios tiene control de todo. Por otro lado, es una oportunidad parar afirmar nuestro amor al prójimo, particularmente con aquellas familias que dependen de su trabajo diario, pero que no pueden trabajar por la cuarentena, siendo solidarios con sus necesidades materiales. En todas las cosas, Dios obra y nos da la oportunidad de actuar y convertir la situación en algo para bien (Rm 8,28).

Tercero, las pandemias son circunstancias históricas en las cuales las personas muestran su carácter y de esa manera podemos conocer mejor a las personas. Jesús dijo “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16). Por un lado, las personas a quienes realmente les interesa su propia salud y la salud de los demás, se cuidan, siguiendo todos los protocolos recomendados por los consejeros de la salud. Por otro lado, las personas que son desconsideradas e irresponsables con su propio cuerpo y con la salud de los demás, no se protegen ni siguen las recomendaciones dadas por los consejeros de la salud. En la historia de la Iglesia, los líderes evangélicos han dicho que debemos distinguir a unos de los otros. Por ejemplo, el segundo grupo fue considerado como temerario e imprudente por los reformadores.

Cuarto, Dios está presente en la pandemia y obra todo tiempo en medio de ella. Dios no nos abandona a nuestra suerte, sino que está presente por medio de distintas personas, tales como: los trabajadores de la salud, que nos atienden y curan; los trabajadores esenciales, que nos mantienen con las cosas que necesitamos para funcionar normalmente; los líderes de las comunidades de fe, trabajan con su comunidad para proveer para las necesidades materiales de los más vulnerables; las fuerzas del orden que actúan de manera correcta y justa para proteger la buena convivencia en la comunidad; y, todos aquellos que contribuyen para mantener la vida y la salud de la gente. En Ezequiel se expresa que Dios no quiere la muerte de nadie, sino su vida (Ez 37,11).

Quinto, como hemos afirmado en el primer punto, hay una conexión entre las pandemias y la acción humana, que es urgente atender por todos para evitar futuras desgracias. Los gobiernos deben controlan las operaciones de las empresas mineras que contaminan los ríos y mares, y movilizan la fauna a su alrededor. Las empresas multinacionales deben de cambiar su mentalidad de incrementar sus ganancias a toda costa; y, más bien deben establecer políticas firmes sobre la conservación del medio ambiente. Las escuelas deben enseñan que lo más importante es cuidar la naturaleza, el medio ambiente, la casa común, el mundo de Dios, porque si lo destruimos, entonces nos destruiremos a nosotros mismos. Dios nos ha puesto aquí, no para abusar de los recursos naturales, sino administrarlo con sabiduría para la vida plena (Gn 1,26-28).

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