El “Virus Chino”

Por Carlos López Contreras

Así lo califica, muy enfáticamente, el presidente Donald Trump, desde que comenzó la pandemia, señalando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se demoró en declarar la pandemia (lo hizo el 11 de marzo, 2020), tardó en advertir que el virus se transmite de persona a persona y, en cuanto a tratamiento, primero dijo que la hidroxicloroquina no era eficaz contra el COVID-19, opinión compartida en principio por la revista médica “The Lancet”, pero que después sus autores se retractaron, y la OMS siguió su opinión, expresando el 5 de junio que lamentaba la confusión creada en torno al fármaco referido. Por estas y otras razones de carácter político que conciernen particularmente a la dirección de la OMS, el gobierno de los Estados Unidos se retiró de dicha organización.

Si bien el presidente Trump no ha hecho una imputación criminal en el sentido de que el gobierno de Pekín habría elaborado deliberadamente un patógeno en laboratorio como arma biológica, sí insinúa que pudo haber negligencia en el laboratorio y dejarlo escapar, desplegándose por el mundo causando miles de muertos, millones de contagiados y la paralización de la economía, con millones de pérdidas de trabajos.

Nadie discute que el virus tiene su origen en la ciudad de Wuhan, donde existe un instituto de virología al cual Freedom Watch, una organización no gubernamental de los Estados Unidos, acusa de ser responsable de la pandemia junto al presidente Xi Jinping y otros, mediante una denuncia ante la Corte Penal Internacional y otras instancias judiciales en Estados Unidos e Israel.

Independientemente del origen del virus, fuera de laboratorio o natural, lo cierto es que sus efectos han beneficiado a la República Popular China (RPC) en sus afanes de predominio geopolítico a escala planetaria. Al fin y al cabo, hay que recordar que actualmente es la segunda potencia económica del mundo y solo con una economía fuerte puede hacer una proyección de su poder en el mundo. Por otro lado, tampoco se tiene noticia que la RPC haya compartido sus experiencias del COVID-19 con otros países y, sin embargo, con un sentido de oportunidad mercantilista, no solidario, se preparó para venderle al mundo mascarillas (buenas y también defectuosas) y todo equipo médico para combatir la pandemia. Ha trascendido que varios países europeos devolvieron a la RPC millones de mascarillas no idóneas por falta de requisitos de bioseguridad.

Aparte de lo anterior, cabe recordar que el grupo terrorista “Al Qaeda”, intentó poner de rodillas a Estados Unidos, por medio de un ataque quirúrgico contra su centro financiero en Manhattan (ataque a las torres gemelas) y contra el Pentágono. Estados Unidos reaccionó con vigor y desarticuló el gobierno del Talibán en Afganistán, que era el gobierno anfitrión de “Al Qaeda”. Las operaciones militares de Estados Unidos en el Medio Oriente aunque exitosas en la guerra, no demostraron una clara visión geoestratégica con relación a la construcción de la paz, al derribar los gobiernos del Talibán y de Saddam Hussein. Después de la intervención aliada, Medio Oriente se ha vuelto más anárquico, donde las potencias regionales (Rusia, Irán y Turquía) han asumido un papel cada día más preponderante, en perjuicio de los intereses globales de Estados Unidos en esa zona.

El problema del virus chino es que, de modo similar a la operación de “Al Qaeda”, ha provocado millones de muertos en Italia, Francia, España, Reino Unido y Estados Unidos. Nos referimos ahora a tres de las economías más fuertes del mundo libre, vale decir, Estados Unidos, particularmente afectada en Nueva York con centenares de miles de contagiados, Reino Unido, con Londres fuertemente golpeada, y Francia, de manera similar.

Alemania, la primera potencia económica de la Unión Europea, por su organización y disciplina ha superado en gran medida la pandemia y, al parecer, en el 2021, volverá a aparecer como una economía pujante en el mundo.

Puede ser que la similitud entre el ataque de “Al Qaeda” y el virus chino contra Estados Unidos sea pura coincidencia. Pero no creo que sea un error reflexionar sobre este hecho. También hay otro virus que invade los sistemas de información electrónica, por lo cual conviene estar alerta por una posible interferencia china o de otra fuente en el proceso electoral del 2021, como se ha debatido en las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos de América.

¡Dios salve a Honduras!

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