¿Es usted una persona aburrida?

Me asusta la gran cantidad de personas aburridas que hay en nuestro mundo. Entre los aburridos hay individuos jóvenes y adultos, enfermos y sanos, de diferentes niveles económicos y culturales; es decir, que el aburrimiento no es exclusivo de una porción determinada de la sociedad.

En ciertas ocasiones, todos experimentamos, aun los más entusiastas, momentos de aburrimiento, perfectamente explicables, como por ejemplo, al final de una jornada ardua de trabajo, después de un largo viaje o una enfermedad penosa.

Pero lo preocupante es el aburrimiento como estado habitual o como estatus de vida del hombre o mujer. Hay personas que todo les cansa, van tirando sin ninguna ilusión, sin curiosidad o capacidad de asombro, esperando siempre lo peor, sentadas presintiendo que la muerte ya les llega. El aburrimiento puede envenenar nuestras almas y hacer nuestra vida miserable. Es como una enfermedad mental que cuesta eliminar y superar. Y lo peor es acostumbrarse a ese estado y sentirse bien así, sin deseos de curarse. Para combatir el aburrimiento son necesarias tres cosas:

a) El amor. El que ama no se aburre, no sufre de hastío. El amor es mantener vivo el fuego alimentándolo con acciones especiales. Amar es servir, es ser feliz. El que se aburre está dejando de amar.

b) El trabajo. Por lo general, creemos que el trabajo es castigo y cruz difícil de cargar.

Cuando nos aburrimos buscamos diversión y vamos al cine, o vemos televisión, o nos tomamos un trago. Si usted ama y disfruta su trabajo en la dimensión correcta no tiene tiempo para aburrirse. c) Interesarse por las cosas pequeñas. El que se aburre de vivir es porque no descubre las bellezas que nos rodean. Todo vale, nada es inútil, desde el canto de los pájaros hasta los problemas más difíciles de matemáticas. La vida es bella, no deberíamos aburrirnos…

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