¿ Le conviene perdonar?

Por Emilio Santamaría S.
Hace unos años mi hijo Emilio nos avisó que llegaría un poco más tarde a la oficina de los Cursos Dale Carnegie, donde trabajamos juntos. ¿La razón? a María, su esposa, “le habían abierto el tonó del carro y le habían robado la batería”. Confieso que me molestó mucho que les hubieran hecho un robo tan artero.  Como reacción, inconscientemente exclamé: “¡Que ladrones tan malditos!”. Fue entonces cuando Emilio me dio una lección muy buena: “Es posible que ellos se merezcan la maldición, pero usted no se merece el maldecirlos”. ¿Hay sabiduría en estas palabras? Sí, la hay. Porque no debemos permitir que el daño que nos hayan causado se incremente y afecte nuestra capacidad de pensar correctamente. Solo hay un camino de que lo ocurrido pueda ser constructivo, y consiste en analizar con calma los hechos, y aprender la lección para que en lo posible no vuelva a ocurrir, y olvidarlo.

 

¿Pero se tiene siempre el valor y el buen juicio de hacerlo así?  No, por desgracia la gente se llena por el sentimiento de enojo, situación en la que normalmente suele perder el control. Y que se incrementará si centra reiteradamente sus pensamientos sobre el hecho. Así, llenándose de odio, por justificado que esté, estará pagando un precio demasiado alto.

 

Cuando Cristo nos enseñó en el Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.  Nos estaba enseñando sentido común aplicado. Porque cuando una persona nos ofende se crea en nosotros un sentimiento negativo. Y para no dejarnos arrastrar por esa tendencia negativa, debemos comprender que el perdón es una bendición para quien perdona. Y eso es una decisión. En otras palabras, al perdonar, decidimos liberarnos del mal que nos hicieron.

 

Dale Carnegie dramatizaba esta idea en una forma genial: “¿nuestros enemigos quedarían encantados de ver cómo el odio nos está consumiendo? Si no podemos amar a nuestros enemigos, amémonos por lo menos a nosotros mismos. Amémonos lo suficiente para no permitir que nuestros enemigos dominen nuestra felicidad y salud”.

 

LO NEGATIVO:

Calentar tanto nuestros resentimientos, que acaben quemándonos a nosotros mismos.

LO POSITIVO:

Comprender que no nos merecemos el odiar a nadie. Perdonar, nos libera de ello.

 

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