¿Racionaliza Usted?

por Emilio Santamaría S.

¿Sabe usted por qué los soldados rusos en la guerra de 1917 no tuvieron chalecos antibalas? Muchos de ellos que murieron alcanzados por pequeños proyectiles enemigos podrían haber salvado la vida si hubieran contado con esta protección. Y lo interesante es que el Estado Mayor ruso tuvo interés en adquirirlos y solicitaron una oferta a un hombre de negocios norteamericano.

El fabricante afiló bien el lápiz para escribir delgadito, y cotizó un precio imbatible de tan sólo tres dólares la unidad. Nadie podría darlo más barato, ni hacerlo mejor. Pero a pesar de ello la oferta fue rechazada. El fabricante quedó atónito y no alcanzando a comprender lo que había pasado, fue a ver al alto comisionado ruso y se lo preguntó: «¿Por qué rechazaron la oferta? Estos chalecos podrían salvar muchas vidas». La respuesta lo sorprendió: «Porque la vida de un soldado ruso no vale tres dólares, no se puede valorar en ese dinero».

En psicología se llama “racionalizar” al mecanismo de defensa que nos hace buscar ideas, y argumentar con ellas para convencernos de que tenemos razón. Por eso el comisionado ruso argüía que la vida de un soldado ruso no podía ser vendida por tres dólares. Su razonamiento era totalmente equivocado. Nadie pretendía comprar esas vidas, sino protegerlas.

Pero igualmente equivocado es el razonamiento de aquel que hace un trabajo mediocre, muy debajo de su capacidad y argumenta que lo que ocurre es que “su jefe es demasiado exigente”. ¿Y qué me dice del estudiante que no estudia lo suficiente y después se llena de razones porque el examen “era dificilísimo”?

Racionalizar es muy humano. Ayuda a salvar nuestro prestigio ante nuestros propios ojos. Eso explica que los criminales estén llenos de razones validas ante sí mismos. Por ejemplo, argumenta un rufián: «violé a esa joven ¡porque ella me provocó con su minifalda!». Racionalizar puede llevarnos a una mediocre categoría si en lugar de exigirnos a nosotros mismos el hacer las cosas bien, estamos siempre encontrando coartadas para racionalizar, justificando nuestro pobre desempeño.

 

LO NEGATIVO:

Ceder ante el humano deseo de racionalizar, justificando nuestras mediocridades.

LO POSITIVO:

Exigirnos un buen desempeño, comprendiendo que no necesitaremos justificarlo.

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